1. DESTRUCCIONES Y RECONSTRUCCIONES
A medida que se aproxima a la ciudad, luego de cabalgar tres leguas, entre vegas y terrenos fangosos, desde Talcahuano, donde ha desembarcado, Eduardo Poeppig –científico alemán que recorre nuestro país hacia 1830- observa con desaliento el panorama que se abre ante sus ojos. “Uno se acerca a Concepción y avanza entre una larga fila de ranchos aislados, construidos sobre las ruinas de edificios más bellos. Se alcanza la plaza entre sitios incendiados, llegando así al sector central de una ciudad que se encuentra abierta en todas direcciones”… “Han desaparecido sus pobladores, y el odio y afán de destrucción no perdonaron siquiera los árboles frutales plantados por aquellós”;… “Es sobre todo desoladora la impresión de esta amplia ciudad abandonada en las noches de luna clara. Se presenta, entonces, demasiado grande para su población actual, ofreciendo un tristísimo cuadro de las desgracias que significan las guerras civiles para un pueblo”.
En esos días Concepción, reducido a escombros por las batallas de
En pocos años, la ciudad había vuelto a levantarse. La generosidad de la naturaleza y la restablecida –aunque precaria y relativa- estabilidad política, unida al esfuerzo de los penquistas, lo habían hecho posible. Entonces, cuando parecía que ya nada podría interrumpir la incipiente vitalidad de su desarrollo social o la febril actividad comercial y agrícola, una nueva calamidad, impuesta esta vez por la naturaleza, ponía a prueba su coraje: el terremoto y maremoto del 20 de febrero de 1835, llamado
El terrible sismo, cuyo epicentro fue, precisamente, Concepción, pudo ser estudiado por el célebre naturalista Darwin, quien visitó nuestra ciudad en aquellos días. Si bien el número de victimas fue más bien bajo, por haber tenido lugar “a eso de las once de la mañana, poco después de las misas en las iglesias”, la destrucción de la ciudad fue total. Talcahuano, por su parte, embestido, además por tres olas gigantescas, no tuvo mejor suerte.
Un nuevo remezón completo la obra de destrucción. “Para Concepción esta segunda sacudida fue el golpe de gracia. Ni una sola de sus construcciones pudo resistirla. La ultima en caer fue
Frente a tanta desolación, Darwin no pudo sino concluir que ambas ciudades no serían ya capaces de recuperarse. El sabio, sin embargo, se equivocaba: “Concepción y su puerto tenían vitalidad suficiente para rehacerse y valentía bastante para encarar su destino, y entre las pilas de escombros empezaban ya a surgir los cimientos de su edificación futura, más sólida y hermosa que la que acababa de desaparecer”.
En Talcahuano, la reconstrucción avanzo rápidamente. “Siete años más tarde -según cuenta Domeyko- se reconstruyeron en le mismo lugar las casas, la iglesia, los comercios, las aduanas y los almacenes, como si no hubiese habido un terremoto y como si la gente ya estuviera segura de que una calamidad similar jamás volvería a producirse”.
Distinto era el aspecto que presentaba Concepción, en esos días de 1845, cuando Domeyko recorría sus calles. “Muchas casas sin tejados, las murallas agrietadas. La plaza mayor desierta, poblada a trechos de maleza, los montones de piedra y ladrillos señalan donde estaban los palacios y los comercios de lujo. Donde estuvo
La lentitud inicial de la reconstrucción debe atribuirse a la indecisión de las autoridades y de la comunidad en torno al aplazamiento definitivo de la ciudad. “El Consejo Municipal procedía con energía y no permitía a nadie construir nuevas casas sobre los cimientos de las que no habían resistido la sacudida”… “Pasó un año, pasó otro. Primero los comerciantes y tenderos apuntalaron las paredes más o menos inclinadas, taparon los hoyos, edificaron con carácter provisorio todo lo que pudieron”… “No pasaron ni diez años, la gente se habituó a la desgracia y el terremoto fue perdonado. Aun cuando
Así, poco a poco, la ciudad cobró nueva vida; mas si bien resistió el rudo golpe, no logró salir indemne: “1835 marca la fecha de la primera emigración en mas de familias penquistas que pasan a radicarse en Santiago. Pero siempre quedan en Concepción algunas ramas, que irán dando nuevos brotes”.
En este texto escrito por Armando Cartes Montory. PEDRO DEL RIÓ ZAÑARTU. PATRIOTA, FILÁNTROPO, Y VIAJERO UNIVERSAL. Editorial Aníbal Pinto S.A.1992 Son citados varios libros:
-Poeppig, Eduardo. Un testigo de la alborada de Chile. Editorial Zig- Zag, Santiago, 1960, pp.333 y 334.
-Darwin, Charles. Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Librería El Ateneo, Buenos Aires, 1951, pp.353-365 Cfr., también, de Villalobos R., Sergio. La aventura chilena de Darwin. Editorial Andrés Bello, Santiago, 1974, pp. 73-77.
-Domeyko, Ignacio. Mis viajes. Ediciones de
-Bunster, Enrique. “Darwin sobre las ruinas de Concepción”, en El bombardeo de Valparaíso y otros relatos. Editorial Zig-Zag, Santiago, 1948, p.62.
-Campos Harriet Fernando. Historia de Concepción, 1550-1970, tercera edición, Editorial Universitaria, Santiago, 1982, p.150.
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